Una cabaña de pescadores contemporánea

Pascal renunció a su sueño de comprar un velero para viajar por el mundo y, en su lugar, decidió adquirir una cabaña de pescador que le permitiera, asimismo, disfrutar cada día del mar y la playa. La casualidad hizo que una barraca junto a la playa quedara sin dueño y fuera puesta a la venta. “Fui a visitarla con Pascal – cuenta su pareja, Agnès– y, a pesar de que la construcción era de lo más insegura, la ubicación era tan buena que firmamos el contrato de inmediato”.

De un vistazo
Quién vive aquí:
Agnès, Pascal, sus hijas y, a veces, las amiguitas de las niñas
Ubicación: Frontignan, Hérault, Occitania (Francia)
Superficie: 60 metros cuadrados
Fotos: Jours & Nuits

“Mantuvimos el secreto durante un par de meses, hasta que firmamos la escritura de compraventa”, recuerda Agnès. “Y entonces, un día nos llevamos a las pequeñas a dar un paseo por la playa. Cuando llegamos a la casa, Pascal empezó a abrir todas las persianas, fingiendo querer entrar. Las niñas comenzaron a ponerse nerviosas porque no entendían qué estábamos haciendo. Entonces, gritamos: “¡Bienvenidas a casa!”. Cabe decir que al principio estaban horrorizadas ante la idea de vivir en una cabaña en ruinas con olor a pescado…”, se ríe Agnès.

“Frontignan es una pequeña ciudad que ha sabido mantener su encanto original y una costa muy salvaje. Puesto que no hay acceso en coche a la playa, siempre hay poca gente, incluso en temporada alta”, asegura Agnès, a quien vemos aquí sentada. “Pasamos los primeros cuatro meses renovando la casa los fines de semana. Empezamos pintándolo todo de blanco, tanto el interior como el exterior, incluido el tejado de latón. Habíamos pasado las vacaciones en Grecia, así que nos apetecía mucho pintarla de blanco.”

Unas puertas acristaladas conducen desde el interior de la casa hasta una amplia terraza con vistas al mar. “Originalmente, la casa no contaba con esta plataforma de madera, sino que la arena llegaba hasta la puerta”, dice Agnès.

“Sabíamos que, estando frente al mar, no duraría mucho así que decidimos construir una plataforma con suelo de vigas de encofrado de madera. Sobre ella coloqué algunos muebles y objetos antiguos de nuestros respectivos hogares, para convertirlo en un espacio más cómodo y acogedor”, cuenta Agnès.

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La mesa está puesta para toda la familia, que llegará más tarde de pasar unos días con la abuela. “Toda la vajilla es de plástico. Así, los niños pueden llevarse las tazas y los platos donde quieran, incluso hacer un picnic en la playa, y yo no tengo que preocuparme de que se rompa un vaso de vidrio o, más importante aún, que queden trozos de cristal entre los tablones del suelo”.

Además, la pareja diseñó este otro pequeño rincón protegido del sol y el viento. “Cuando nos juntamos aquí los fines de semana, celebramos de inmediato el cambio de escenario. Aquí venimos a relajarnos, por eso hay tantos lugares donde tumbarse, como este pequeño espacio que Pascal construyó con un colchón y restos de madera que sobraron del suelo de la terraza”.

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En el interior, el mar y la arena se ven reflejados por todas partes. La vivienda puede abrirse y cerrarse fácilmente para adaptarse al clima de todo el año. “En la pared, había una especie de papel pintado de color marrón que no me atreví a quitar para evitar sorpresas desagradables. Para cubrirlo, pinté unos coloridos triángulos sobre él que, además, desvían la atención del techo, que no me gusta mucho”, señala Agnès.

Las vigas estructurales se pintaron de color gris para romper un poco con el aspecto prefabricado de los materiales originales. Agnès pintó dos de las paredes en un tono azul verdoso para definir la zona de comedor y mantuvo el estante de madera sin tratar. “Es muy práctico, ya que sustituye a una pieza de mobiliario exenta”, dice Agnès.

Espacio creado por Jours & Nuits, foto original en Houzz

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“Al principio, no sabíamos muy bien cómo abordar el proyecto de la cocina, así que decidimos hacernos con una nevera que estableciera el tono que nos guiaría hacia los siguientes pasos”. La nevera vintage luce imponente sobre el suelo de vinilo que imita a unas baldosas hidráulicas. “En esta cocina normalmente preparamos platos sencillos. Casi todas nuestras comidas se componen de ensaladas frescas y platos a la parrilla o a la barbacoa, además de la pesca que trae Pascal de vez en cuando, ¡claro!”, cuenta Agnès.

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A la izquierda de la entrada encontramos el dormitorio principal, que disfruta de unas increíbles vistas al mar. La pareja decidió pintar las paredes en un tono gris claro con restos de pintura de otros proyectos. Agnès cuenta así la historia del original trabajo en papel que vemos en la zona del cabecero de la cama: “Hace un tiempo elaboré este patrón de origami con papel Canson de 200 g para un cliente para una feria comercial. Con las piezas que me sobraron hice esta composición”.

Una puerta entreabierta, decorada con frases adhesivas que enumeran las reglas de la casa, conduce a este curioso dormitorio. “Siempre había querido vestir una estancia de negro. Las paredes estaban recubiertas de un papel pintado con relieve de caucho que no nos dejaba muchas opciones. Puesto que los marcos de las ventanas ya eran de color negro, me atreví a pintarlo todo de ese color. Las niñas recortaron varios círculos de papel de regalo dorado para decorar la pared”, cuenta.

“Junto a la ventana, colocamos un marco negro con una frase inspirada en un diálogo de la bruja de Blancanieves, hecho con letras adhesivas amarillas. El mensaje –que en castellano sería ‘La noche es la prueba de que el día no es suficiente’– me define a la perfección, porque nunca paro, ¡ni siquiera por la noche!”, se ríe.

Espacio creado por Jours & Nuits, foto original en Houzz

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En la cocina, una puerta conduce hacia el patio trasero de la cabaña, donde la pareja instaló una ducha al aire libre para toda la familia. “La vivienda contaba con una única ducha para todos, ¡no era nada práctico! Por eso, optamos por una ducha solar en el exterior, que aislamos del resto del patio con tablones de madera. Un pequeño rincón de lectura bajo la sombra de una lona, un poco de pintura blanca y… ¡voilà! ¡Aquí son vacaciones siempre!”, exclama Agnès.

Espacio creado por Jours & Nuits, foto original en Houzz

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Debajo del patio trasero, nos topamos con toda una sorpresa: “Al principio, aquí había dos espaciosos garajes, pero la casa era demasiado pequeña para toda la familia y sabíamos desde el principio que íbamos a sacrificar uno de ellos para crear un espacio para las niñas. Cubrimos el suelo con vinilo y generamos una especie de compartimentos, como un ‘gallinero’ ¡en el sentido literal de la palabra!”.

“Cortamos unos tableros de MDF y los montamos durante un fin de semana. Fue un paso complicado, pues estos paneles son muy gruesos y, por lo tanto, extremadamente pesados. Los pintamos de blanco con los bordes en un tono coral y ahora 6 pequeños terremotos pueden disfrutar de una zona de descanso diseñada exclusivamente para ellos. La pared posterior de la estancia la recubrimos con pintura de pizarra para que pudieran personalizar los cabeceros a su gusto”, cuentan Agnès y Pascal.

Espacio creado por Jours & Nuits, foto original en Houzz

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Por último, aquí llega la guinda del pastel: “Cuando vi por primera vez el suelo de cemento que había detrás del garaje, me dije que era el lugar ideal para instalar una caravana Airstream. No obstante, Pascal me convenció para abandonar esa idea, ya que la humedad y la sal la deteriorarían muy rápido. Así que opté por comprar una tienda militar de 35 metros cuadrados. Instalé suelo de coco y todo lo demás es reciclado: unas sillas de mimbre, un taburete de fibras naturales y una cama de una casa antigua. Como veis, me encanta el glamping (acampada glamurosa). Pintamos las lámparas con espray dorado, así como el pequeño mueble de color gris. También le hicimos llegar electricidad y, cuando encendemos las lámparas del techo por la noche, ¡parece que estemos viviendo Las mil y una noches junto al mar!”.

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