Una casa gallega tradicional y contemporánea

Partiendo de la difícil tarea de diseñar una vivienda contemporánea dentro de una edificación típica de Galicia, Arrokabe Arquitectos tuvo claro que la cave estaba en mantener la esencia de la construcción. El reto estaba en recuperar el estilo tipológico y constructivo local, para reinventar, al mismo tiempo, la vivienda para una familia de cinco, con gustos y hábitos de hoy en día. Con este fin, proyectaron una casa en la que la madera, la luz natural y una soberbia escalera son protagonistas.

De un vistazo
Quién vive aquí:
Un matrimonio con tres hijos
Situación: Santiago de Compostela, Galicia
Arquitectos: Arrokabe arquitectos (Óscar e Iván Andrés Quintela)
Fotografía: Luis Díaz Díaz

La casa se encuentra en Santiago de Compostela, concretamente en Rúa do Medio, una calle de viviendas adosadas que se remonta al siglo XVIII.

Arrokabe Arquitectos, estudio gallego especializado en rehabilitación y restauración de proyectos particulares y patrimoniales, recibió el encargo de adaptar la casa a las necesidades de una vivienda familiar moderna.

“Además del programa básico para una familia de cinco, los clientes buscaban un despacho y una biblioteca, incorporando el mobiliario y otros objetos que ya tenían. Intentamos conseguir una arquitectura con carácter y que, al mismo tiempo, fuese lo suficientemente neutra para acoger los objetos y enseres que ya tenían”, cuenta Iván Andrés, uno de los arquitectos del estudio gallego.

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La casa, ubicada entre medianeras, de 3 plantas y bajo cubierta, llevaba años vacía y no reunía las mínimas condiciones de habitabilidad. A lo largo de los años se le habían ido añadiendo elementos que restaban valor y autenticidad a la construcción.

Un ejemplo es una extensión en hormigón armado colocada en la fachada trasera que aumentaba la superficie de la vivienda en la primera planta, creando una terraza en el segundo nivel. Este añadido presentaba problemas estructurales graves y restaba luz a los espacios interiores.

Los arquitectos optaron por poner en valor los elementos distintivos de la edificación que se encontraban en buen estado, reciclar algunos materiales y reconstruir el resto desde una visión contemporánea.

“Los muros de carga de mampostería y los huecos de cantería se encontraban en buen estado –revela Iván. Estos definían el volumen y la imagen exterior de la edificación. Mantuvimos la lógica constructiva y la materialidad propia de est­­e tipo de arquitecturas, tanto en el volumen principal como en las nuevas construcciones”.

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La madera era un elemento importante en la edificación original: en la cubierta, en los forjados y en la pequeña edificación tradicional alpendre (pórtico), que se adosaba a los muros laterales de cierre de parcela. Todos presentaban daños irreparables.

“La estructura de madera estaba en mal estado por las filtraciones de agua a lo largo de más de 20 años. Pudimos recuperar algunas vigas. Después, se han reutilizado en la nueva construcción del patio”, comentan desde Arrokabe.

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La madera fue también el hilo conductor de las nuevas intervenciones que se realizaron en la antigua edificación. Los arquitectos explican por qué:

“Adaptabilidad, alta eficiencia estructural, baja conductividad térmica y ligereza: la madera es un material idóneo para la recuperación del trabajo y el conocimiento artesanal. También lo es para la incorporación de nuevos procesos de prefabricación”, describen desde el estudio gallego.

“Los acabados son neutros y claros. La idea era conseguir un espacio luminoso, que sirviera de escenario para los objetos que ya formaban parte del antiguo hogar de los clientes… y que definen su sensibilidad y preferencias estéticas”, explican los arquitectos.

La nueva escalera, que ocupa el lugar de la original, se erige como epicentro del interior de la vivienda. Se entiende como una escultura de madera en medio de la casa que, a modo de costura, entrelaza los diferentes niveles… y épocas.

“El hueco de la escalera, situado bajo el lucernario, lo proyectamos más amplio de lo estrictamente necesario y se diseñó por niveles. Esto hace la escalera más ligera a medida que asciende. De esta manera, la luz alcanza también a las plantas bajas”, explica Iván.

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La construcción de la escalera parte de una caja cerrada en planta baja, con peldaños de madera y barandilla opaca. Su estructura se aligera en la planta superior con una barandilla de metal dorado.

En su último tramo se convierte en un elemento mínimo, con peldaños de madera que cuelgan de la cubierta mediante finas barras verticales. Como resultado, la luz cenital se reparte por toda la casa.

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En el ático hay una sala de música. El techo ondulante está hecho con tablones de madera pintados en blanco y oculta algunos elementos estructurales además de mejorar la acústica del espacio.

En la fachada interior al patio, el volumen estaba descontextualizado del resto de la edificación –y en muy mal estado. La normativa lo reconocía, lo que permitió reconstruirlo.

Se optó por recuperar la imagen de galería cubierta, común en las edificaciones gallegas, con una construcción más ligera mediante un entramado y cerramiento de madera.

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“El volumen original aumentaba el fondo de la vivienda, oscureciendo algunas estancias en planta baja y primera. El punto de partida fue reconstruir este volumen, reintegrándolo con la edificación tradicional y el jardín, y buscar estrategias para conseguir la mayor cantidad posible de luz natural en el interior de la vivienda”, puntualiza Iván.

Con este propósito, se ejecutó una nueva estructura de montantes y durmientes de madera. Sobre ella se apoyan los forjados de piso y una nueva fachada con partes acristaladas y ciegas de madera, que crean un espacio a la manera de las tradicionales verandas.

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El alpendre también se reconstruyó, con una tipología y tamaño similar al preexistente, reincorporando algunas vigas de castaño del interior de la vivienda. Su cubierta se construyó basándose en el sistema de la estructura original.

La nueva pieza se plantea como un espacio exterior a cubierto, que sirve de apoyo al programa de la vivienda, con cuartos de servicio y almacenamiento con cerramientos ligeros de madera.

En el patio interior, los arquitectos diseñaron un jardín inspirado en los parterres existentes, que se apoya en las trazas de los muros originales y recupera materiales de la construcción tradicional que habían sido desechados. Este espacio ayuda a crear una relación sensorial entre interior y exterior, y a dotar a la vivienda del valor añadido de un entorno vegetal propio en medio del casco urbano.

“Para los parterres, se recuperaron las trazas de los preexistentes, que respondían a la posición de una zona de roca en el suelo. Con la vegetación se buscó crear una atmósfera densa y variada, reservando una franja en el paso elevado para aromáticas y pequeños frutales”, puntualiza el arquitecto.

Desde Arrokabe Arquitectos abogan por “mirar con responsabilidad el presente para no desperdiciar recursos. No hay que subestimar el conocimiento y energía invertidos en las arquitecturas tradicionales heredadas”.

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