60 m² muy bien aprovechados en Barcelona

60 metros cuadrados y unas buenas vistas le resultan más que suficientes a la decoradora Belén Campos para compatibilizar domicilio y espacio de trabajo –su primera casa, en Tokio, tenía ¡34 metros cuadrados! En este ático de la zona alta de la ciudad vive desde 2014. Para adaptarlo a sus necesidades hizo una reforma low-cost –el piso no es de su propiedad. La falta de recursos económicos se ha compensado con ingenio… y un gusto exquisito: papel pintado en paredes, cuadros que realzan el valor de cada rincón y muchos muebles antiguos o de almoneda, que ha heredado y que guarda con cariño.

De un vistazo
Quién vive aquí: Belén Campos, fundadora de BCA Interiors
Superficie: 60 metros cuadrados de vivienda, más dos terrazas: una de 20 y la otra de 30 metros cuadrados
Situación: Barrio de Sant Gervasi, en Barcelona

Esta casa es la sexta en la que reside. ¿Espíritu nómada? No. Belén, a quien vemos en la imagen, sigue el camino que le van marcando las circunstancias de la vida. Al ático actual se mudó en 2014, dejando algunas piezas en un guardamuebles, porque en estos 60 metros cuadrados no cabían todas.

Antes de instalarse, estuvo tres meses de reformas, para entre otras cosas unificar todos los espacios de día: salón, comedor, cocina y despacho conforman ahora una única estancia abierta. Para la zona de noche, transformó dos diminutos dormitorios en uno, mucho más espacioso. Y el pasillo se convirtió en un vestidor de ensueño. Además, sustituyó la bañera por un cómodo plato de ducha.

“Desde el principio, aposté por una concepción de planta abierta, que me proporciona espacios versátiles y amplios”, comenta.

El sofá del salón es de Ikea, decorado con cojines y dos plaids, todo de La Maison. La escultural lámpara de pie es el modelo Colonne, diseñada por Fabrice Berrux para la firma francesa DixHeuresDix.

El cuadro de ajos es de la artista Blanca Miquel y el skyline de Nueva York, de Blanca Vernis. Belén ha estudiado Interiorismo e Historia del Arte y siente predilección por las pintoras. Salvo un cuadro, el resto de obras de arte que tiene en casa están firmadas por mujeres.

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Aquí vemos una obra de la artista catalana Montserrat Gudiol. La consola es, en realidad, una mesa para jugar al bridge.

Aunque el parqué sintético no acaba de convencer a la inquilina, cambiarlo resultaba costoso, así que lo mantuvo. Lo que sí hizo es pintar el zócalo del mismo color que la pared, detalle que lleva a cabo en todos sus proyectos de interiorismo: “Da un aspecto más integrado y elegante. Otra de mis manías es pintar siempre los radiadores”, confiesa.

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En el recibidor, junto a la banqueta de estilo afrancesado, vemos una lámpara de pie diseñada por la propietaria, un propotipo que hizo estudiando interiorismo y del que no hay más producción. Para completar el rincón, un óleo de la barcelonesa Alicia Ibarra.

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Subiendo un par de escalones desde el salón, se accede a una de las dos terrazas.

“Esta es más pequeña –10 metros cuadrados menos–, pero tiene unas privilegiadas vistas a la ciudad y la montaña del Tibidabo. La otra da a un patio interior de viviendas”, justifica.

Unas cortinas vegetales, hechas con antiguos palés, recorren la barandilla, dando frescura al ambiente. El suelo, de rasilla antes de la reforma, se cubrió con una tarima sintética.

Los bancos tienen un arcón donde guardar cojines y portavelas en los meses más fríos –aunque la buena climatología de Barcelona permite disfrutar de los exteriores prácticamente todo el año.

Las sillas Pip-e, diseño de Philippe Starck, son de Driade. Se trata de un modelo ligero y apilable, elaborado en polipropileno sólido y resistente en exteriores. Belén ha elegido este modelo, tanto para la terraza como en el comedor. Las mesas auxiliares son de Teodora, un estudio especializado en proyectos de exterior con el showroom a escasos metros de la casa.

Los asientos están tapizados en tejido náutico, resistente a la intemperie. El plaid es de La Maison, como el resto de cojines con motivos florales.

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Belén compró la vajilla en Japón, hace 30 años. Más valor sentimental, si cabe, tienen las cucharas antiguas, de herencia familiar, para las que diseñó los dos cuadros que vemos en la pared.

En la mesa de comedor –un sobre de cristal pisable y una estructura con ruedas de la tienda Vinçon, cerrada en 2015–, han llegado a comer hasta 14 personas.

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Eligió un económico mobiliario de cocina en color gris, de la marca Salguero, que encaja bien con el rincón de trabajo.

El salpicadero en el área de aguas y cocción es de vidrio teñido en gris. Los armarios combinan la apertura de push con tiradores. También vemos un persianero, para guardar los pequeños electrodomésticos. La interiorista reconoce que sobre todo cocina cuando vienen a visitarla sus hijos.

Para las paredes optó por un papel pintado con motivo de archivadores, de la colección Engineer de la firma Andrew Martin, y que ayuda a que cocina y despacho queden integrados visualmente.

Belén conserva esta mesa desde su época de estudiante. Siempre tiene hueco privilegiado en sus casas. “La silla es muy cómoda”, dice.

Antes de la reforma, aquí estaba el lavadero. Este se ubica ahora en la terraza interior, de 30 metros cuadrados y con espacio de sobra para tender la ropa.

La cómoda vintage, recuperada de casa de sus padres cuando fallecieron, da paso a un pasillo con armarios empotrados que configuran el vestidor. El papel pintado refuerza una estética muy romántica.

Junto a la puerta de entrada, vemos un curioso –y económico– sistema para tener a mano pañuelos y fulares: dos simples barras toalleras que, cubiertas por los textiles, ni siquiera se ven.

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En el baño, completamente reformado, la actuación principal consistió en poner un amplio plato de ducha en lugar de la bañera existente. Colocó un antiguo mueble bajo el lavabo, dándole una nueva vida. Al no contar con cajones, Belén organiza el espacio con cestas y cajas de fibras naturales.

Tanto el espejo de madera labrada, como las dos lámparas suspendidas y el jarrón azul, son parte de la herencia familiar.

Un riel de Ikea equipado con ganchos resulta perfecto para almacenar los collares y mantenerlos en perfecto orden. “Es una idea que suelo aplicar en mis proyectos”, confiesa Belén.

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Frente al baño y atravesando el pasillo-vestidor, accedemos al generoso dormitorio: antes de la reforma, este espacio era claustrofóbico, con dos habitaciones en lugar de una.

El cabecero de cama y el nórdico son de la misma tela de lino. “Tengo dos recambios. En los meses fríos pongo este, de imagen más cálida y acogedora; en verano, otro en una tonalidad rosa viejo”, revela Belén.

En la cama con arcón, de Ikea, Belén guarda fundas nórdicas, almohadas y sábanas. La lámpara de sobremesa es de Emarte, un taller artesanal donde la diseñadora Eva Muñoz crea originales piezas con alambre. Adquirida en La Maison, es la última compra que ha hecho la dueña para la casa.

 

Artículo original publicado en Houzz.

1 Comment

  • S.Marquez dice:

    Me gusta como resolvieron el tema del espacio en cada rincón del apartamento, además es muy bueno que nos comenten los pequeños detalles, como la pintura de los zócalos, que nos dan una idea original y sencilla.

    [enlace eliminado]

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